"Dos mujeres son amigas siempre y cuando una sea fea o vieja" --mi abuela materna.
Para mi siempre fue difícil pensar en un grupo de mujeres que fueran amigas de toda la vida. Esas amistades tipo Sex and the City son fantasías, mitos e incluso parte de marketing de esa franquicia para que nosotras, mujeres ilusas, vayamos al cine a pagar 15 soles para ver un desfile de malas actuaciones, locaciones absurdas y despliegue de escenas de sexo gratuitas que no emocionan un ápice. Con cierta desilusión -tampoco fue que no me lo esperaba del todo- he comprobado a lo largo de mi corta vida, que la amistad entre mujeres no es más que una cosa coyuntural y se deshace con el pasar del tiempo, cuando esa cosita e común que las amarraba se quiebra y no hay forma de regresar a ese equilibrio, por más que se intente.
Me puedo remontar a mis años del colegio para comprobar la primera amistad real que tuve con una amiga para explicar mi punto: El primer grupo de amigas de verdad que tuve fue a los 7 años. Duró un poco más de dos años, a lo mucho. Probablemente duramos tanto porque nuestras mayores preocupaciones eran intercambiar stickers en el recreo y ver Super Campeones o Sailor Moon. Más allá de eso, mis amistades mas memorables de aquellas épocas fueron con chicos, porque aparte de tener cierto afán femenino por coleccionar barbies, mi otra pasión era coleccionar todas las malditas estrellas de Super Marios Bros para Nintendo 64. Ah, y vencer tres veces a Browser, claro está. Sin dejar de lado a Link y su misión por salvar a la princesa y cagarle los planes a Ganondorf. Y como no era muy común que una chica se interesara en eso con tanto afán, hice migas con algunos chicos que venían a mi casa con el único afán de jugar nintendo. Eso fue pre-adolescencia, claro está. Como jodieron esas hormonas después...
Si algo recuerdo de mi niñez fue que las chicas siempre eran complicadas y los chicos siempre eran simples. Con ellos me podía entender sin hacer problemas. Las chicas siempre tenían una tendencia idiota a guardar secretos, hacer intriga, manipular situaciones y crear chismes tontos. Yo sólo quería tener una existencia divertida, fácil, simple. Ese mensaje siempre se me quedó grabado en la cabeza: mujeres=complicación; hombres=facilidad. Así fue gran parte de mi vida de colegio. Las amistades masculinas tuvieron más importancia, y luego llegó la adolescencia que nos cagó a todos, las parejitas, la incomodidad de no poder andar con tus patas porque los demás comenzaban a joder y todas esas cosas que te molestan a los 15 y que después, recién a los 20, te dejan de interesar. En la universidad tuve un grupo de amigos mas parejo: hombres y mujeres. Yo siempre me pegaba más a los hombres. Por alguna razón sentía que teníamos más en común. El problema radicaba en que ya no podía regresar a esa etapa de la niñez en que el sexo no tenía importancia y cada cierto tiempo me veía en el problema de que alguno de mis amigos me quería como algo más que una amiga y yo no. Cualquier pensaría que tener novio me fue fácil, pero la verdad es que hasta los 18 siempre fue complicado. Yo nunca me imaginé con una pareja, y ninguno de los chicos que me rodeaban me gustaba tanto como para tenerla. Para mi las cosas estaban bien así: amigos y ya. Tal vez buscaba prolongar esa etapa de mi vida donde todo parecía más simple, esa antes de la adolescencia.
Siempre evité la amistad femenina, pero ya llegó a un punto en que me di cuenta que lo que estaba evitando realmente era crecer, madurar, afrontar el hecho que la niñez ya se había ido y que no podía comportarme como una eterna chibola. Así que cambié y me hice de nuevas amistades con algunas mujeres que me aguantaran a mi y que yo aguantara a ellas. Yo nunca me sentí como las demás chicas. Supongo que no son como las demás chicas. Encontrar gente que tuviera cosas en común conmigo fue difícil pero al final encontré en varios grupos distintos algo de familiaridad.
Como decía líneas arriba, la amistad entre mujeres es coyuntural. La más probable es la amistad de las solteras: aquellas mujeres que están solas y buscan pareja. Pertenecer a ese grupo siempre me ha incomodado porque yo no busco pareja, sino busco diversión, que es muy distinto. Mi afán siempre fue pasarla bien, mientras que el afán de ellas es el confort emocional, la muleta que les va ha hacer pensar que ya tienen novio, por lo tanto son felices, completas.
Mis amigas me buscan nada más cuando no están emparejadas y usualmente es para hablar del fulano en cuestión y barajar frases como "todos los hombres son unos perros", "los hombres no sirven para nada", "nunca voy a entender a los hombres", o las aún más patéticas "nunca voy a encontrar novio", "porque siempre es tan difícil encontrar novio", "no soporto estar sola", "necesito tener un novio para sentirme bien", etc, etc, etc. En el momento en que ellas consiguen novio, o en su defecto, yo comienzo a salir con alguien, la amistad se quiebra.
Claro que hay otro tipo de amistades que duran más. Las del trabajo, quizá sean las mas fuertes, porque es el en espacio laboral donde conoces mucho mejor a las personas, los ves felices, los ves sufrir, los ves en los peores momentos de estrés así como también en los más relajados. Aún así, con una amistad que podría empezar con tener gustos musicales en común, algunas idas a conciertos después, podriamos descubrir que más allá de que le gusten tanto los riffs de ACDC como a una (y resulta bastante raro encontrar una mujer a la que le gusten los riffs de guitarra), podría ser que el sentido del humor de ambas es parecido, y a pesar de que una tenga novio y la otra no, la amistad igual se daría, incluso mucho más duradera que las anteriores. A pesar de todo eso, la gente cambia. Una evoluciona mucho. No soy la misma chica que cuando tenía 16. Y dentro de 8 años más, no voy a ser la misma que soy ahora. Es lógico que una amiga con la que tenía mucho en común de pronto la vuelva a ver y ya no tenga mucho de qué hablarle.
Eso, pensando que estás conociendo a una persona emocionalmente equilibrada. Pero dentro de las amigas que perdí y que no tengo el más mínimo deseo de volver a tener, están las que son envidiosas a morir, tanto que son capaces de perjudicarte la carrera e incluso hablar mal de ti con los profesores; las que se creen que son mejores que tú y luego cuando les demuestras lo contrario se molestan; las que todo está muy bien entre nosotras hasta que se dan cuenta que el chico que les gusta está mas afanado por ti; las que dejaste de ver porque se volvieron unas solteronas amargadas; las que dejaste de ver porque un día te presentaron a su pareja y era otra mujer; las que siempre te recomiendan ropa que te queda mal; las que te recriminan por ponerte minifaldas porque ellas nunca se atreven; las machistas que piensan que decir lo que piensas es "poco femenino".
Y entre todo esa fauna de mujeres locas, la única de la que siempre he encontrado una amistad verdadera, la única que me dice las cosas como son (y que suerte tengo), y que no me va a edulcorar la realidad o me va a mentir, o me va a dejarme comprar algo que me queda mal ha sido y será siempre mi mamá. Y no es que yo siempre haga lo que ella dice, porque no es cierto, ella misma lo afirma. Pero su sinceridad siempre he ha ayudado a decidirme por uno o por otro lado, además que si la cago sé que ella me va a apoyar igual. Amistades como esas no se dan así de simple y es bueno pensar que hay una persona que va a ser brutalmente sincera contigo, aunque te pese, eso es mas saludable que un montón de amistades momentáneas que no valen nada.
De repente la clave de la amistad es esa (o para tal caso, de toda relación): ser brutalmente honestos el uno con el otro y dejar la hipocresía de lado. El problema es que desde toda la vida nos han enseñado a tratarnos así. Quizá hay que comenzar a cambiar eso. Aunque no sé si mis amigas disfrutarían mucho si yo empiezo a ser honesta con ellas sobre lo que pienso realmente.
De repente la clave de la amistad es esa (o para tal caso, de toda relación): ser brutalmente honestos el uno con el otro y dejar la hipocresía de lado. El problema es que desde toda la vida nos han enseñado a tratarnos así. Quizá hay que comenzar a cambiar eso. Aunque no sé si mis amigas disfrutarían mucho si yo empiezo a ser honesta con ellas sobre lo que pienso realmente.
Las imagénes las saqué de CORBIS y son del fotógrafo Yanti May.


