lunes, 1 de agosto de 2011

Conciertos, etc.

Nadie cancela un concierto porque se acerca el cumpleaños de su amigo.
Es decir: NADIE.
La única razón por la cuál se cancelan conciertos a nivel mundial, seas quien seas, es porque NADIE compró tus entradas.
That's it, Elton John.

Fotos Culinarias

¿Que onda con la gente que le toma fotos a la comida en un restaurante? Siempre me pregunto: ¿Por qué? ¿Tendrán una colección gastronómica en la memoria del celular? ¿Es parte de una asignatura que llevan en la universidad? No sólo contentos con eso, las publican en facebook: No me importa saber que estás comiendo. Ya bastante tengo con soportar tus huachaferías cuando tengo la mala suerte de cruzarme contigo en alguna reunión en un restaurante, encima no tengo que ver tus cosas en facebook, gracias.

sábado, 12 de marzo de 2011

Necesito un novio

Hace mucho tiempo atrás salí con una amiga y su prima, en plan de tomar tragos y comportarnos como las tipas de Sex and the City. Nos salió mal todo. Mi amiga estaba saliendo de una relación larga y no estaba como para jilearse tipos, su amiga quería tener un novio (y créanme que esa es lo que menos quieres cuando sales de copas) y yo, pues, era una pavasa total. 
Así que, ese día, no hubo fricción más que con el asiento de cuero del taxista. Y así, mientras la noche avanzaba y los tragos corrían, nos fuimos a Eka y la prima de mi amiga dice algo así "A veces tengo ganas de tener novio porque es lindo que alguien te abrace". 

Siempre me acuerdo de esa frase cada vez que alguna de mis amigas se empareja. Y en cierta medida pienso que sería lindo tener novio, pero no para que me abrace y sea algo asi como una muleta emocional, sino porque de alguna forma me gustaría no ser tan contra corriente, y conocer a alguien, salir y pasarla bien juntos. 
Por un micro segundo me agarra la nostalgia y pienso en todos los que pudieron ser algo y nunca fueron nada. Me imagino que hubiera sido de mi de seguir adelante con esas relaciones, que en su momento, me sonaban a fracaso total. 

Y pienso sobretodo lo molesto que me resultaba muchas veces el hecho que un chico quisiera que fuese su novia, exclusivamente suya. Eso siempre me molestó. Sentía su aprehensión y me apartaba. ¿Que será? ¿Una enfermedad? ¿Estaré loca? 
 

jueves, 24 de febrero de 2011

CF, la loca de mierda

Apenas abrí los ojos lo supe. Un dolor que taladreaba mis pupilas y me daba la sensación de tener clavos atravesándome la sien. Migraña. Me demoré unos segundos en levantarme. Sabía que casi de inmediato sentiría un golpe certero en la parte alta de la frente y un bamboleo que se confunde con la misma reacción que causa el consumo excesivo de alcohol. "Tengo resaca pero si la juerga de la noche anterior", pensé. Miré mi reloj y solo en ese momento me percaté de lo inevitable: Eran las 8 de la mañana. Tendría que bañarme en dos minutos, cambiarme en uno y tomar un café con migradorixina en medio y aún así llegaría tarde al trabajo. Y no solo eso: los taladros imaginarios se volverían reales. No había peor tortura para una persona con migraña que ser embutida en una obra repleta de obreros rompiendo y picando por todas partes.

Aún así me arrastré hasta la ducha, ya que por alguna razón masoquista todavía quería ir al trabajo. Me bañé, me cambié y fue cuando llegué a la cocina que mi mamá me preguntó que me pasaba. Debía tener una cara de habérmela pegado anoche o mas bien, de haber sido atropellada por una aplanadora. Le dije que era migraña y me recomendó no ir al trabajo.

La migraña funciona así: un minuto puede estar bien, sentir que el dolor te pasa; al siguiente, quieres que alguien te dispare porque ya no soportas las punzadas en los ojos. No es cosa de tomarse un analgésico, porque el dolor puede disminuir (casi nunca pasa del todo), pero al menor amargón, al menor ruido vuelve como un tsunami y te tira al piso. La gente común no comprende estas cosas, porque piensan que uno exagera. No es sólo el dolor, sino que te dan naúseas y apenas puedes abrir los ojos. Olvídate de manejar o de tratar de concentrarte en cualquier cosa.

Finalmente ya no pude más. Me tomé una pastilla y me tiré a dormir. Mi mamá me hizo el favor de llamar a la oficina. Le contestó uno de los ingenieros y le dijo, amablemente, que si quería podía tomarme el dia libre.

Todo parecía salir bien. Hasta que CF llamó a mi celular.
Antes de esto, incluso había pensando ir a la oficina en la tarde. Después, pensé ir, pero para renunciar.

(continuará)

sábado, 19 de febrero de 2011

Les presento a CF (I)


A CF la conocí en la universidad, porque hicimos un trabajo grupal junto con Scarlett y otra chica más de la que ya no sé nada ahora. Nunca se destacó por ser buena en diseño, distinto a lo que pasó con Scarlett, de la que hablaré en otro momento, que por alguna razón encontró la forma de ser efectiva con las cosas que diseñaba y sacar buenas notas por empeño. Como venía diciendo, CF no era buena en diseño, hay que decirlo. Yo nunca la vi en un taller difícil, de esos a los que yo me metía por masoquista, a los que se metían los atorrantes que se alucinaban en próximo Frank Gehry. Yo no, yo me alucinaba -quizá todavía lo sigo haciendo, en mis mas chiflados delirios- la próxima Zaha Hadid, y por alguna razón, me creía menos atorrante que el resto.

Frank Gehry

Bueno, aquellos que nos alucinábamos en diseño eramos parte de los estudiantes que "tienen buenas ideas pero que nunca llegan a completar algo o les cuesta UN MUNDO terminar un proyecto". Yo siempre tuve buenas ideas, pero me quedaba en la forma. A punta de patadas, terminé los ultimos ciclos, con notas mediocres que no subían del 14, añorando mis épocas "doradas", ésas donde me sacaba 18 en taller de diseño, donde todo me salía casi por arte de magia, donde la inspiración fluía (sola, sin ayuda de alucinógenos, eh) y por un día, el día de la entrega, me alucinaba la chica mas capa de todas, la que sabía, intuitivamente, lo que el profesor buscaba. Y caminaba diez centímetros por encima del suelo, claro está. Pero comprenderán pronto que eso es algo normal en los arquitectos. 

Zaha Hadid

En fin, retomando el tema: En la facultad, o eres uno que tiene buenas ideas y no concretas nada; o eres uno de mente racional que toma una idea -que no necesariamente es genial- pero que la desarrolla a mil. El primero se quema, el segundo sobrevive. El primero (yo) tiene que aprender a conjugar ese lado pseudo artístico con su lado racional (probablemente inexistente) para pasar taller y probablemente solo éso, porque lo más seguro es que jale todo lo demás (sobretodo física y matemática, edificaciones y esa monstruosidad que es estructuras 1, 2 y 3, triple asco). 

Que yo sepa, CF nunca fue ni el primero ni el segundo. Y ahí viene el tercer tipo de estudiante: el que nunca debió seguir arquitectura, pero que se metió al tercio estudiantil para recibir gollorías, que se la pasó trabajando desde la mitad de la carrera para adelante y aprendió antes un oficio que una profesión. 
Eso es CF. 

Un casco amarillo

Desde muy temprano se metió al tercio y consiguió un trabajo en una empresa inmobiliaria, de ahí siguió pasando de empresa en empresa, aprendiendo todo lo que podía de acabados. Aprendió todo sobre eso, podría decirse que se maneja muy bien en lo que sabe. Pero tiene sus desventajas. 

Apenas pudo sacar el de egresado y le falta aprobar los cursos de inglés para sacar el bachillerato. Encima de todo eso, todavía tiene que sacar la tesis para obtener el título, pero en la empresa donde trabaja eso realmente no les importa. En el mundo de la construcción tener el título es accesorio. Para los empresarios, mientras uno cumpla con su trabajo, lo demás les importa poco. Si aún no terminas la universidad, eso a ellos no les preocupa. Quizá hasta es ventajoso: para poder pagarles menos, ya que no son profesionales. 

CF está en esa encrucijada. Supongo que todo se le viene al mismo tiempo. El día en que saqué mi tesis, después de dos años de disciplina que saqué no sé de donde, publiqué feliz en el facebook que ya tenía mi tesis entregada. Era un logro excepcional para mi. CF, como mi amiga, podría haberme felicitado, pero nunca me dijo nada. Scarlett menos, cuando pudo llamarme, mandarme un mensaje de texto, un correo, lo que sea, y en el colmo de la conchudez me dijo que porque no le había pasado la voz para mi sustentación. 

Por eso me pareció raro que CF me pasara la voz para un trabajo. Acepté porque se trataba de un arquitecto conocido y porque era obra. Yo siempre añoré trabajar en obra. Solo había estado en una en todo mi vida y me parecía el trabajo ideal, porque uno siempre estaba en movimiento, viendo detalles, cosas que había que solucionar al toque y no sentada frente a una computadora dibujando en CAD todo el día. 
CF nunca me explicó bien cual iba a ser mi trabajo pero acepté porque pensé que me adaptaría. 

Pero desde el comienzo, fue difícil. Sobretodo, lidiar con CF. 
Nunca la había visto tan seguido y realmente cambia la perspectiva que uno tiene de la persona cuando las ves todos los días y en sus peores momentos de estrés. 
Con rapidez me di cuenta que CF no quería a alguien "que se encargue de obra, porque yo tengo que ver todo un tema de presupuestos y ordenes de pago", sino un asistente que la siga por todos lados, alguien a quien mandarle a sacar copias, a hacer metrados y lo peor, dibujar planos. Sí, yo que pensé que mi trabajo implicaba movimiento, resultó siendo todo lo contrario: me tenía todo el día haciendo planos absurdos para los maestros de obra.

Me insistía con los detalles de cada baño, aunque fueran todos iguales. Ella quería que en los planos apareciera el tipo de enchape que se le iba a poner a cada uno. Todo ese trabajo era absurdo: a la larga, nadie iba a ver esos planos, porque el que entrega los enchapes es el del almacén, que ya sabe que va en cada departamento. Mi trabajo habría sido el de verificar que se hiciera el enchape de la major manera. 

Pero CF me tenía anclada a la computadora. Me pedía imprimir un plano, lo miraba, le hacía marcas por todos lados con su lapicero rojo y me los devolvía. "Corrígelos", decía. Volví a imprimirlos luego, de nuevo les hacía marcas. "Corrígelos", decía, y así unas cuantas veces. 
Todo el tiempo cambiaba de parecer: primero quería que los sobrantes de piezas quedaran hacia la puerta, luego que quedaran hacia la ducha, luego los volvió a cambiar hacia la puerta. Si había un piso que venía en un formato raro, como por ejemplo, 44x66 cms, me pedía como 5 versiones distintas del mismo plano, para comparar cual era la mejor. 

Hablaba del edificio como si se tratase de la nueva sede del Museo Contemporáneo de Arte de Nueva York, no un maldito edificio de departamentos, otro más de los tantos que hay en Miraflores o San Isidro. 
Si yo compartía alguna cosa que había hecho en la otra obra donde había trabajado (que era una embajada, digamos, un POQUITO mas importante que este proyecto), siempre trataba de bajonearme, de decirme que en este edificio los acabados eran de lujo, que era otro nivel, que se trataba de otra cosa diferente. 

Tenía unos delirios de grandeza casi patéticos. Como ella había trabajado en otros dos proyectos más con el mismo arquitecto que había diseñado este, sentía que prácticamente era su socia. Un día lo dijo "Supongo que algún día me harán socia de Suárez Arquitectos". La verdad era que CF le había dicho a todos en la empresa que ella tenía el título. Yo no iba a desmentirla, pero el día en que le dije que iba a sacar mis papeles le pedi permiso. Me lo dio sin problemas, pero el mismo dia en la mañana me dijo que tenía que regresar a la obra porque no había terminado planos de baños. Era absurdo. 
Decidí no ir, y mandar los planos por correo. No paró de llamarme toda la tarde. Nunca le respondí. Por la noche me mandó un correo diciendo que mi irresponsabilidad había atrasado la obra. 
Al día siguiente quería confrontarla, decirle que yo no había atrasado nada. Nunca me mencionó nada y después me enteré que Puchencho había enchapado un baño sin planos y me había culpado, diciendo que "tuve que avanzar con el edificio y Sofía nunca me dio planos". CF trató de decirme lo mismo y le aclaré que eso no justificaba que Puchencho avanzara con un baño cuando le faltaban remates en todos los demás. 
No supo que decirme. 

Después de eso, entendí que lo mejor era buscar otro trabajo. 

domingo, 7 de noviembre de 2010

La Amistad entre Mujeres No Existe

"Dos mujeres son amigas siempre y cuando una sea fea o vieja" --mi abuela materna.  


Para mi siempre fue difícil pensar en un grupo de mujeres que fueran amigas de toda la vida. Esas amistades tipo Sex and the City son fantasías, mitos e incluso parte de marketing de esa franquicia para que nosotras, mujeres ilusas, vayamos al cine a pagar 15 soles para ver un desfile de malas actuaciones, locaciones absurdas y despliegue de escenas de sexo gratuitas que no emocionan un ápice. Con cierta desilusión -tampoco fue que no me lo esperaba del todo- he comprobado a lo largo de mi corta vida, que la amistad entre mujeres no es más que una cosa coyuntural y se deshace con el pasar del tiempo, cuando esa cosita e común que las amarraba se quiebra y no hay forma de regresar a ese equilibrio, por más que se intente. 

Me puedo remontar a mis años del colegio para comprobar la primera amistad real que tuve con una amiga para explicar mi punto: El primer grupo de amigas de verdad que tuve fue a los 7 años. Duró un poco más de  dos años, a lo mucho. Probablemente duramos tanto porque nuestras mayores preocupaciones eran intercambiar stickers en el recreo y ver Super Campeones o Sailor Moon. Más allá de eso, mis amistades mas memorables de aquellas épocas fueron con chicos, porque aparte de tener cierto afán femenino por coleccionar barbies, mi otra pasión era coleccionar todas las malditas estrellas de Super Marios Bros para Nintendo 64. Ah, y vencer tres veces a Browser, claro está. Sin dejar de lado a Link y su misión por salvar a la princesa y cagarle los planes a Ganondorf. Y como no era muy común que una chica se interesara en eso con tanto afán, hice migas con algunos chicos que venían a mi casa con el único afán de jugar nintendo. Eso fue pre-adolescencia, claro está. Como jodieron esas hormonas después... 

Si algo recuerdo de mi niñez fue que las chicas siempre eran complicadas y los chicos siempre eran simples. Con ellos me podía entender sin hacer problemas. Las chicas siempre tenían una tendencia idiota a guardar secretos, hacer intriga, manipular situaciones y crear chismes tontos. Yo sólo quería tener una existencia divertida, fácil, simple. Ese mensaje siempre se me quedó grabado en la cabeza: mujeres=complicación; hombres=facilidad. Así fue gran parte de mi vida de colegio. Las amistades masculinas tuvieron más importancia, y luego llegó la adolescencia que nos cagó a todos, las parejitas, la incomodidad de no poder andar con tus patas porque los demás comenzaban a joder y todas esas cosas que te molestan a los 15 y que después, recién a los 20, te dejan de interesar. 

En la universidad tuve un grupo de amigos mas parejo: hombres y mujeres. Yo siempre me pegaba más a los hombres. Por alguna razón sentía que teníamos más en común. El problema radicaba en que ya no podía regresar a esa etapa de la niñez en que el sexo no tenía importancia y cada cierto tiempo me veía en el problema de que alguno de mis amigos me quería como algo más que una amiga y yo no. Cualquier pensaría que tener novio me fue fácil, pero la verdad es que hasta los 18 siempre fue complicado. Yo nunca me imaginé con una pareja, y ninguno de los chicos que me rodeaban me gustaba tanto como para tenerla. Para mi las cosas estaban bien así: amigos y ya. Tal vez buscaba prolongar esa etapa de mi vida donde todo parecía más simple, esa antes de la adolescencia. 

Siempre evité la amistad femenina, pero ya llegó a un punto en que me di cuenta que lo que estaba evitando realmente era crecer, madurar, afrontar el hecho que la niñez ya se había ido y que no podía comportarme como una eterna chibola. Así que cambié y me hice de nuevas amistades con algunas mujeres que me aguantaran a mi y que yo aguantara a ellas. Yo nunca me sentí como las demás chicas. Supongo que no son como las demás chicas. Encontrar gente que tuviera cosas en común conmigo fue difícil pero al final encontré en varios grupos distintos algo de familiaridad. 

Como decía líneas arriba, la amistad entre mujeres es coyuntural. La más probable es la amistad de las solteras: aquellas mujeres que están solas y buscan pareja. Pertenecer a ese grupo siempre me ha incomodado porque yo no busco pareja, sino busco diversión, que es muy distinto. Mi afán siempre fue pasarla bien, mientras que el afán de ellas es el confort emocional, la muleta que les va ha hacer pensar que ya tienen novio, por lo tanto son felices, completas.

Mis amigas me buscan nada más cuando no están emparejadas y usualmente es para hablar del fulano en cuestión y barajar frases como "todos los hombres son unos perros", "los hombres no sirven para nada", "nunca voy a entender a los hombres", o las aún más patéticas "nunca voy a encontrar novio", "porque siempre es tan difícil encontrar novio", "no soporto estar sola", "necesito tener un novio para sentirme bien", etc, etc, etc. En el momento en que ellas consiguen novio, o en su defecto, yo comienzo a salir con alguien, la amistad se quiebra. 

Claro que hay otro tipo de amistades que duran más. Las del trabajo, quizá sean las mas fuertes, porque es el en espacio laboral donde conoces mucho mejor a las personas, los ves felices, los ves sufrir, los ves en los peores momentos de estrés así como también en los más relajados. Aún así, con una amistad que podría empezar con tener gustos musicales en común, algunas idas a conciertos después, podriamos descubrir que más allá de que le gusten tanto los riffs de ACDC como a una (y resulta bastante raro encontrar una mujer a la que le gusten los riffs de guitarra), podría ser que el sentido del humor de ambas es parecido, y a pesar de que una tenga novio y la otra no, la amistad igual se daría, incluso mucho más duradera que las anteriores. A pesar de todo eso, la gente cambia. Una evoluciona mucho. No soy la misma chica que cuando tenía 16. Y dentro de 8 años más, no voy a ser la misma que soy ahora. Es lógico que una amiga con la que tenía mucho en común de pronto la vuelva a ver y ya no tenga mucho de qué hablarle. 

Eso, pensando que estás conociendo a una persona emocionalmente equilibrada. Pero dentro de las amigas que perdí y que no tengo el más mínimo deseo de volver a tener, están las que son envidiosas a morir, tanto que son capaces de perjudicarte la carrera e incluso hablar mal de ti con los profesores; las que se creen que son mejores que tú y luego cuando les demuestras lo contrario se molestan; las que todo está muy bien entre nosotras hasta que se dan cuenta que el chico que les gusta está mas afanado por ti; las que dejaste de ver porque se volvieron unas solteronas amargadas; las que dejaste de ver porque un día te presentaron a su pareja y era otra mujer; las que siempre te recomiendan ropa que te queda mal; las que te recriminan por ponerte minifaldas porque ellas nunca se atreven; las machistas que piensan que decir lo que piensas es "poco femenino". 

Y entre todo esa fauna de mujeres locas, la única de la que siempre he encontrado una amistad verdadera, la única que me dice las cosas como son (y que suerte tengo), y que no me va a edulcorar la realidad o me va a mentir, o me va a dejarme comprar algo que me queda mal ha sido y será siempre mi mamá. Y no es que yo siempre haga lo que ella dice, porque no es cierto, ella misma lo afirma. Pero su sinceridad siempre he ha ayudado a decidirme por uno o por otro lado, además que si la cago sé que ella me va a apoyar igual. Amistades como esas no se dan así de simple y es bueno pensar que hay una persona que va a ser brutalmente sincera contigo, aunque te pese, eso es mas saludable que un montón de amistades momentáneas que no valen nada.

De repente la clave de la amistad es esa (o para tal caso, de toda relación): ser brutalmente honestos el uno con el otro y dejar la hipocresía de lado. El problema es que desde toda la vida nos han enseñado a tratarnos así. Quizá hay que comenzar a cambiar eso. Aunque no sé si mis amigas disfrutarían mucho si yo empiezo a ser honesta con ellas sobre lo que pienso realmente. 

Las imagénes las saqué de CORBIS y son del fotógrafo Yanti May.